Columna/ ¿Una paz estable y duradera?

Fecha

Bogotá, 8 de agosto de 2017

Autor

Por: Thania Vega de Plazas

Por:

Thania Vega de Plazas

Senadora

 

Cuando esta semana en plenaria del Senado se aprueba en tercer debate la ley orgánica que permite la entrada de1.300 terroristas de las Farc a la Unidad Nacional de Protección (UNP), queremos dejar una constancia para la negra historia de éste país, que sufrió la entrega de sus instituciones por parte del presidente Juan Manuel Santos y sus partidos de Unidad Nacional, llámese Partido de la U, Conservador, Liberal, Cambio Radical entre otros.   

 

Según datos conocidos en los lánguidos debates en el Congreso de la República, serán 60 los narcoguerrilleros de las Farc los que requieran de defensa especial por parte de la Unidad Nacional de Protección, donde en promedio cada terrorista, llámese Timochenko, Iván Márquez, Santrich, Alape, Lozada o París necesitarán 12 terroristas (ahora escoltas de la UNP) para su esquema de seguridad.

 

Serán cuando menos 1.300 terroristas con las armas del Estado, en labores de protección de los jefes de las Farc; lo único que cambió es que ya no están en la selva cuidando de sus jefes, sino en las calles de las principales ciudades y en camionetas blindadas.

 

Entre las cosas que más delicadas que veremos, será la creación de una subdirección de la UNP, que manejarán íntegramente terroristas de las Farc, que tendrán armamento y vehículos para cumplir con su función; también acceso a los documentos de estudios de seguridad de personajes de la vida nacional, que se oponen al remedo de acuerdo que firmaron con el gobierno.  

 

Mientras un escolta de la UNP, grado 16, recibe un millón cuatrocientos mil pesos ($1.400.000), con una hoja de vida limpia judicialmente, con mínimo 4 años de bachillerato y 17 meses de experiencia para asumir su cargo; un terrorista de las Farc, solo recibe un curso 45 días y pasa a ganarse un millón ochocientos veinticinco mil pesos ($1.825.000), un salario superior al de una persona que sacrificó tiempo y vida para formarse como escolta.

 

Vaya forma extraña de conseguir la paz en Colombia se inventó el presidente Santos y la guerrilla; pues “dejaron” los fusiles, lo que no nos consta, para entregarles nuevas armas, pero esta vez del Estado Colombiano, para que anden por las calles, legitimados para apretar el gatillo.

 

Si estamos en “paz” como lo dice y lo repite el presidente y su gobierno, para qué armar a las Farc nuevamente y esta vez por cuenta de los colombianos.

 

Una paz estable y duradera como la que propone el alto Gobierno y la guerrilla, no se consigue con impunidad, participación política y terrorismo legalizado desde el propio Estado.

 

Nota: Se le acabó el tiempo. La cuenta regresiva de un gobierno golpeado por el desprestigio de sus acciones y la corrupción es lo que veremos en este largo año, en el que el presidente Santos se juega lo que le queda de prestigio, si es que lo tuviera.

 

(FIN)